Unidad, diálogo, concertación:Ninguno de los graves problemas estructurales de la Argentina puede resolverse en el plazo de una gestión gubernamental. Todos exigen estrategias de mediano y largo plazo. Basta, por ejemplo, mencionar la acuciante responsabilidad de una reformulación integral del sistema de seguridad social, para garantizar su sustentabilidad económica, gravemente amenazada, y el mejoramiento de las prestaciones a jubilados y pensionados. Sólo esta continuidad en la acción puede evitar que la natural y deseable oscilación del péndulo de la política suponga volver periódicamente a fojas cero, con la consiguiente frustración de las expectativas de la sociedad.
Equidad y la transparencia:Es necesario recrear a los partidos políticos como columnas del sistema democrático, de modo de que vuelvan a dar sentido a su representación, abriendo nuevos ámbitos para la participación social. Los partidos tienen que ser también actores fundamentales para la construcción de consensos y políticas de Estado, sustentos de la gobernabilidad y escuelas de formación de nuevos liderazgos, que ayude a la renovación de los elencos dirigentes. Corresponde asimismo reconocer y abrir nuevos espacios relevantes para las mujeres y los jóvenes, que son parte de las nuevas transformaciones sociales y culturales que la política debe saber interpretar.
Modernización de la economía:El mejoramiento de la competitividad empresarial tiene que sustentarse en una estrategia nacional orientada a la organización del sistema productivo argentino y de sus niveles de eficiencia institucional. El objetivo es una modernización internacionalmente competitiva de la economía argentina, que eluda el grave peligro de su reprimarización. Esto implica utilizar los beneficios derivados del despliegue inmediato de la enorme potencialidad exportadora de aquellos sectores que ya presentan ventajas competitivas, como la agroindustria, la energía, los recursos minerales y las industrias del conocimiento, para construir un sólido sistema productivo que, a partir de la transformación de las materias primas en productos de alto valor agregado, nos permita adquirir la diversificación necesaria para hacer de la Argentina un actor de primer nivel en el comercio internacional.
Promover la actividad económica, no asfixiarla:El fortalecimiento de una sólida economía de mercado, basada en la iniciativa privada, es una condición indispensable para la el desarrollo nacional. Esto exige la plena liberación de toda la enorme capacidad creadora de lnuestras fuerzas productivas. La misión del Estado es promover la actividad económica, no asfixiarla. Es preciso terminar con la improvisación en la administración de un Estado convertido en botín de guerra de la política y elegir funcionarios públicos competentes, designados por su idoneidad profesional y no por su filiación partidaria o sus vinculaciones personales o empresarias para sean funcionales a esos intereses.
Igualdad de oportunidades:La vertiginosa aceleración de los adelantos científicos y los cambios tecnológicos representan un gigantesco desafío al mundo del trabajo. La respuesta es encarar una verdadera Revolución de la Educación y del Trabajo que promueva las condiciones para que todas las personas puedan participar activamente de los beneficios de este nuevo tiempo. Todos los argentinos, sin distinción, con independencia de su edad, condición social o lugar de nacimiento o residencia, deben tener aseguradas las posibilidades de desarrollar sus capacidades, individual y colectivamente, de manera competitiva. El nuevo nombre de la justicia social es la igualdad de oportunidades y el único camino es la educación.
La mirada de Roberto Lavagna en este punto está puesta en una economía de mercado con un estado promotor del crecimiento económico y la justicia social pero basada en la iniciativa privada.
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